Se sitúa sobre una de las elevaciones de primera línea inmediatas a la zona llana de Valmuel, en la margen derecha del arroyo del Regallo, presentando un marcado carácter estratégico y defensivo.
Fue excavado por V. Baravíu y R. Thouvenot en 1927, descubriendo varios grupos de estancias de un poblado, algunas pavimentadas con opus signinum y otras de grandes dimensiones que hacen pensar en una posible funcionalidad pública para estas últimas, una posible muralla, un foso que perfora el paleocanal de la coronación del cerro y aísla el enclave, un edificio singular por su tamaño y aparejo constructivo en la ladera suroccidental que fue identificado como un templo, etc.
A falta de confirmación arqueológica más reciente que esas antiguas intervenciones, parece que en la cima se estableció un poblado durante -al menos- el periodo ibérico, muy similar en planta y estructura a todos de sus cercanías: La Caraza, Tiro de Cañón, El Palao
Parte de las pendientes pudieron ser ocupadas, para posteriormente convertirse esta zona baja en una gran Villa romana Alto imperial, cuyos restos permanecen enmascarados por las fincas de cultivo y cuyo testimonio sería aquel templo descubierto en el segundo decenio del siglo pasado.
Actualmente, en la parte superior, se aprecian los restos deteriorados de las antiguas intervenciones habiendo sufrido constantes actuaciones clandestinas de rebusca desde aquellos años, desapareciendo todo rastro de los pavimentos musivarios.
La cerámica ibérica a torno que aparece presenta motivos decorativos de tipo geométrico, también son habituales los vegetales estilizados, zig-zag, círculos, semicírculos, dientes de lobo, líneas en ese que soportan vasijas de formas habituales en la época de apogeo de estas producciones. Es, así mismo, frecuente la aparición de cerámica romana de importación del periodo ibérico Tardío y posterior del Alto Imperio.