Se ubica en la cima y ladera nororiental de un estratégico cerro sobre una plataforma y paleocanales de arenisca próximo al río Guadalope.
La disposición de sus viviendas adosadas parece indicar la existencia de un poblado de calle central al menos en su cima, aunque su extensión en la ladera dificulta su adecuada interpretación a pesar de las antiguas intervenciones científicas. El poblado y la necrópolis ibérica de El Cascarujo fueron objeto de excavaciones arqueológicas parciales por Vicente Bardavíu hacia 1920 y, en 1931 el arqueólogo francés Adrian Bruhl. Igualmente, las interpretaciones que se hicieron sobre la existencia de una muralla perimetral resultan algo aventuradas desde la perspectiva actual.
Alrededor del poblado, del que se exhumó sólo una parte de su planta dejando el interior de sus habitaciones intactas, se localizan varias agrupaciones de túmulos sepulcrales.
Tanto el hábitat como las áreas tumulares pueden situarse en las fases de la Primera Edad del Hierro e Ibérico Antiguo, entre los siglos VII y V a. C.
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