En otro tiempo, las seis de la mañana. Después, las siete. Ahora, las cuatro de la tarde.
Tambores en la Plaza, esperan el comienzo.
También llegan el prior y los mayordomos.
Sale la bandera, las ‘banderetas’, la Burreta, la Oración del Huerto. Llegan baturros y baturras con canastas o cestas donde se distinguen, entre los mimbres enrejados, las tortas de Pascua que serán entregadas al finalizar la procesión y así sucesivamente todos los pasos y figuras del Santo Entierro, el Sepulcro y la Virgen.
Como siempre, se inicia bajando por la calle Mayor y se va deprisa. El ritmo de los tambores acelera. El sonido del tambor imita a la vida. Nuestro corazón se mueve al ritmo de nuestros tambores que en dos filas se estiran y encogen al compás de la necesidad y singularidad de esas calles inigualables de la Ciudad y del Arrabal, Almudines, Muro Santa María, calle Mayor, Loreto, San Francisco, Carmen….
Han pasado poco más de dos horas y está llegando a la Plaza. Los tambores van formando un cerco alrededor de la misma.
La imagen del Cristo muerto se coloca en el centro. Detrás junto a Él, la Virgen, su Madre.
Dice el Evangelio: «José de Arimatea. Le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca; luego hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro».
Pilatos: “Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia”.
¡Silencio!
Da comienzo la ceremonia del entierro.
En un sepulcro dorado han depositado su cuerpo muerto, cubierto por una sábana. Rueda un tape confeccionado por las manos de los mismos portantes que cierra completamente su imagen.
El soldado romano amenaza con la espada hacia su cuello al hebreo que va depositando cuatro sellos en las cuatro esquinas que relumbran el dorado lecho.
La plaza teñida de azul. El cielo también está manchado de un azul luminoso de miles de túnicas de ángeles alcañizanos que la impregnan de una magia espiritual.
El amor por nuestro pueblo está plasmado en este momento en nuestra querida Plaza. Por eso, la sangre se nos alborota. Cuando escuchamos en la Plaza el tambor, yo no sé lo que nos pasa, la sangre se nos alborota.
El ruido impresiona. Es verdad que la voluntad de hacer ruido golpeando el tambor sólo dura un instante después del sellado del sepulcro cuando el sacerdote dice: ¡Suenen los tambores! Después volverá la habilidad, la destreza, el ritmo, el arte. Es el alma. Es el corazón de un tambor que llora.
Más tarde, los tambores ya han cesado y sólo suena el recuerdo.
Curiosidades
- Esta procesión fue instituida por la cofradía del Santo Entierro, la más antigua de la ciudad de Alcañiz. Esto en cuanto a cofradías se refiere, ya que -como se precisa en la ficha correspondiente- la procesión más antigua es la de la Soledad. Su origen se remonta a 1628: el 1 de noviembre de dicho año el Papa Urbano VIII concedió bula para su erección e indulgencia plenaria a los fieles que ingresasen en dicha hermandad. Parece ser que antiguamente los hermanos de esta cofradía atendían a los reos condenados a muerte, a los enfermos y moribundos.
Enlaces de interés
- Extraordinaria filmación del año 1928. Vídeo publicado por Ponteambar. Filmación hecha por el sindicato de iniciativa y propaganda de Aragón (SIPA) en 1928 y proyectada junto a otras nueve filmaciones de costumbres aragonesas a las 22 horas del dia 3 de octubre de 1929 en el palacio de proyecciones de la feria internacional de Barcelona.



























