Valdealgorfa está emplazada en un promontorio dispuesto longitudinalmente entre dos vales. La población creció reclinada sobre la suave pendiente de su ladera elegida por su proximidad a los manantiales que le proporcionaban un seguro aprovechamiento del agua.
La situación geográfica de su término municipal hace que esté en una encrucijada que le dota de un marcado carácter de transición. Las cuencas hidrográficas son un ejemplo de ello: la divisoria de Las Ventas delimita la separación entre las cuencas del Matarraña y del Guadalope. A su vez, la carretera nacional ejerce de divisoria entre la cuenca del Mezquín y la del Guadalope. Pero además también es un lugar de transición para las lenguas y aunque en Valdealgorfa se habla castellano, gran parte de su toponimia recoge numerosos vocablos procedentes del catalán y otros residuales del aragonés. El propio relieve del término nos indica también el carácter de transición de este terreno que definitivamente abandona el valle del Ebro para introducirse en el somontano que enlazará posteriormente con el sistema Ibérico.
A pesar de la importancia hidrológica que tiene este término, la ausencia de un cauce fluvial y de acuíferos de importancia en su territorio (a excepción del manantial que dio lugar al original asentamiento), ha impulsado desde muy antiguo a sus pobladores a tratar de aprovechar al máximo los escasos recursos hídricos existentes. Por ello es habitual ver numerosas norias, basurros, cullas y amplias balsas ganaderas como las de la Tejería, Salvador y Nova, que dotan de un toque peculiar a estos paisajes de secano.
